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lunes, 17 de agosto de 2009

Mis 10 mejores de la historia (2)

Ante la inminente expansión del fútbol, se decidió organizar el Mundial en EE.UU. (y qué Mundial). Entre los participantes nos encontramos a Alemania, con tres títulos y vigente campeona por aquel entonces, Argentina, bicampeona, Brasil, tricampeona e Italia, tricampeona. Uruguay bicampeona e Inglaterra con otro título no se habían clasificado, así que alguien tenía que deshacer el empate a campeonatos del mundo, y no fue otra que:

BRASIL 1994

Con esta selección se rompió el mito de que Brasil era “jogo bonito”, era una selección más practica que vistosa, con más trabajo que filigranas, y quizás este hecho, unido a la gran calidad de varios jugadores, ha hecho que este equipo sea uno de los más recordados. Al frente de todos ellos un experimentado ex futbolista, Mario Zagallo (seleccionador de Brasil en los 70). En la portería Zetti sería el suplente de un sorprendente Claudio Taffarel, que a la postre se erigiría como una de las figuras del equipo. En defensa Jorginho y Branco en bandas, si alguno fallaba en el banquillo estaba un joven de 24 años llamado Cafú, junto con el gran Marcio Santos y el eterno Aldair. El centro del campo de Brasil era atípico ya que jugaban con tres jugadores de corte más bien defensivo Mauro Silva, Mazinho y Dunga, con Raí, Leonardo o Zinho en bandas. Pero arriba sí que había magia, había chispa, había dos que metían miedo, Bebeto y Romario, y en el banquillo, por si hiciera falta, Muller, Viola y un jovencísimo Ronaldo Luis Nazario de Lima.

Equipo temible, la canarinha comenzó su andadura en el torneo encuadrada en el grupo B (a priori sencillo) junto con Suecia, Camerún y Rusia. Los dos primeros encuentros fueron de puro trámite, 2-0 a Rusia y 3-0 a Camerún, pero en el tercer partido frente a Suecia las cosas empezaron poniéndoseles difíciles con un gol en contra, obra de Kenneth Andersson. Pero ahí estaba “o baixinho”, Romario, para empatar el encuentro y mantener el resultado hasta el final del partido.

En octavos de final la suerte les deparó a la anfitriona, equipo éste que logró sobrevivir durante 72 minutos, hasta el gol del deportivista Bebeto. En cuartos la cosa cambió, enfrente tenían a una gran generacion de jugadores holandeses, Rijkaard, Overmars, Witchsge, Bergkamp... Probablemente fue el mejor encuentro del torneo, donde los brasileños Romario y Bebeto anotaron un gol cada uno. Un minuto después del último gol canarinho, Bergkamp marcó un soberbio gol que daba esperanzas a los tulipanes, hecho éste que se refrendaría a merced del gol de Winter en el miuto 76 y que ponía las tablas en el marcador. Finalmente Branco en el 81 dio el pase a los sudamericanos que ponían la directa hacia el tetracampeonato. En semifinales, Suecia nuevamente, encuentro que resolvió Romario (como casi siempre), colocándose así en una Final, hecho que no lograban desde 1970.

Y así se llegó a la final, contra Italia, una Italia con más suerte que fútbol (odiado Tassotti), pero con gente de muchísimo nivel, Roberto Baggio, Baresi, Maldini, Donadoni, Pagliuca... Tras 90 minutos sin goles (qué imagen la de Pagliuca besando el palo después de un mal rechace que golpea en la madera), y tras disputar la prórroga, se llegó a los lanzamientos de penalti (quizás sean los más recordados de la historia). El gran Franco Baresi era el encargado de tirar el primero, pero falla, lo manda a las nubes, es el turno de Brasil, Marcio Santos toma carrera... pero una gran parada de Pagliuca impide que entre el balón. Ahora es el turno de Albertini que marca, Romario hace lo propio, Evani también marca para Italia, mientras que el encargado por parte de Brasil es Branco, quien tambien anota, Massaro tira y Taffarel para, Dunga... gol. Si falla Roberto Baggio, Brasil campeona. Y Roberto falla, lo manda a las nubes.

Es emocionante ver esta final una y otra vez. Esta selección se merece un puesto en el Olimpo de las mejores.
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lunes, 20 de julio de 2009

Los mejores años de nuestra vida

Aprovechando que el verano no está siendo muy movido, que aún falta para ver fútbol de verdad, y que este blog ha finalizado la función académica que tenía y que nos impedía publicar noticias que no fueran de actualidad, aprovecharé para realizar una serie de entradas sobre el fútbol de mediados a finales de los 90, ése en el que yo y otros muchos nacidos en los 80 empezamos a ver este querido deporte de otra forma. A muchos les sonarán estas cosas, e incluso compartirán mi visión. Es probable que otros más mayores o más sabios vean incorrecciones, o que tengan apreciaciones más precisas que puedan comentar, de lo que podríamos definir como 'Los mejores años de nuestra vida'.

Y comenzaré esta serie de entradas por 1994. En España el Barça ganaba su cuarta Liga consecutiva con Cruyff en el banquillo y convertía al club culé en un grande de verdad, que dejaba de llorar y de ver fantasmas. Sin embargo, en la final de Champions de Atenas ante el todopoderoso Milan de Capello (heredero del gran Sacchi) se llevó un serio correctivo. Un contundente 4-0, liderado por un gran Savicevic (por aquel entonces, desconocía el nivel de aquel crack) ponía fin a un ciclo tremendo en can Barça.

Pero aquel año estuvo marcado por el Mundial por encima de todo. Estados Unidos acogía el mayor torneo futbolístico, disputado en un horario incómodo para los españoles, y ante miles de aficionados en estadios repletos. Y en ese ambiente jugaba la España de Clemente, una de las más potentes de la historia (de nuestra historia), pero fea de ver como pocas. El entrenador vasco llego a jugar algunos partidos hasta con 7 defensas, lo que muestra claramente su vocación.

El comienzo de aquel equipo no fue fácil (más por deméritos propios que por verdadera dificultad de los rivales), pero logró la clasificación para los octavos de final. El partido más destacado de la primera ronda fue el jugado ante Alemania, una selección con gran calidad, con jugadores como Effenberg, Klinsmann o Hassler en sus filas. Sin embargo, un golazo de Goikoetxea desde la posición de extremo (era un intento de centro realmente) lograba un meritorio empate para los españoles.

En octavos se ganó fácilmente a una correosa Suiza, que había hecho algún partido espectacular (4-1 a la Rumanía de Hagi), y enfocábamos los cuartos, la famosa barrera. Y aparecía Italia. Los transalpinos tenían un equipo increíble en defensa y uno de los mejores jugadores de la historia en ataque: Roberto Baggio. El excepcional delantero realizó una competición espectacular. El partido empezaba bien, pero la táctica era extraña. Clemente ponía seis defensas y medio (Luis Enrique aún no tenía claro su puesto) en el equipo titular, acompañados de Caminero, Bakero y Goiko.

Sin embargo, mediada la primera parte Dino Baggio adelantaba a Italia, y volvían todos los fantasmas. Pero a la vuelta del descanso un genial Caminero (repito, ¡qué Mundial se marcó!) empataba. Cuando el partido llegaba a su fin, Julio Salinas, el genial Julio Salinas, tuvo el partido en sus manos. Se presentó solo (pero solo, solo, solo) ante Pagliuca, con todo el tiempo para hacer lo que le diera la gana, pero le dio al muñeco. En la siguiente jugada, Baggio, con maestría, superó a Zubi y nos mandó para casa. Sin embargo, no puede olvidarse la agresión de Tasotti a Luis Enrique en el área italiana que pudo haber cambiado el partido.

Los partidos que quedaban, ya sin los nuestros, fueron tremendos. Por un lado Italia se enfrentaba a la Bulgaria de Stoichkov, un equipo muy duro con una estrella mundial arriba, que además fue pichichi de la competición junto con Salenko (el ruso metió cinco goles en un partido, lo que le facilitó el pichichi). Pero Baggio era mucho Baggio, y él solo eliminó a los búlgaros, con dos chicharros en cinco minutos. En la otra semifinal el nivel también era alto. Por un lado la todopoderosa Brasil, con un trivote en medio campo (Mazinho, Dunga y Mauro Silva) y Bebeto y Romario arriba. Enfrente Suecia, otra sorpresa, que realizaba un juego tremendo, con el gran Kenneth Anderson arriba. El partido, con dos defensas durísimas, lo decidía Romario con un gol en el minuto 80.

El partido por el tercer y cuarto puesto fue espectacular. La paliza, vaya. Suecia arrasó a Bulgaria con un 4-0 logrado en la primera parte. Los Mild, Brolin (grande) o Anderson no tuvieron rival. Además, también se recordará a los escandinavos por la imagen de su portero: el loquísimo Thomas Raveli, tan bueno bajo palos como miedo daba.

Y por último llegó la final. Italia contra Brasil. A pesar de la calidad en los ataques de ambos equipos, los grandes triunfadores fueron las defensas. 0-0, con Pagliuca besando el palo para agradecerle los servicios prestados. Y así se llegó a los penaltis. Y como suele pasar en estas ocasiones, el mejor fue el que falló. Roberto Baggio, tras ser quizá el mejor del torneo, mandó a las nubes su penalti, y daba el triunfo a Brasil, que le devolvía la derrota de 1982 y con sus mismas armas.

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