
Es imposible nombrar todos los triunfos españoles, pero como lo nuestro es el fútbol voy a rescatar de la memoria los tres momentos que de una forma u otra han marcado el mundo del balón para siempre.
El silencio antes del gol de Iniesta. El momento cumbre sucedió una noche de verano. Faltaban tres minutos para las once de la noche cuando un balón besó la red, pero no fue un beso cualquiera, fue el beso de medio mundo, la recompensa de una guerra en la que no siempre ganan los malos, el tesoro que estaba enterrado en Sudáfrica y que encontramos con la ayuda de unos suizos que nos pusieron la cruz en el mapa. Un chaval pasó a la historia en medio de un silencio, que como confesó, sintió antes de chutar a puerta. Un silencio y una fe que permitieron cumplir un sueño. “Dicen que es imposible escuchar el silencio, pero yo en ese momento lo escuché”, asegura el héroe de Johannesburgo. Y así fue, durante unas décimas de segundo el mundo se paró, pero nadie se bajó.

La mano de Luis Suárez y las lágrimas de Gyan. El tercer momento nos sitúa de nuevo en el Mundial de Sudáfrica. Donde encontramos los dos minutos más emocionantes, impactantes e inolvidables de este año que se nos escapa entre los dedos. Donde el todo y la nada comparten mesa, donde la alegría gana la partida a la tristeza, donde la pérdida se torna en esperanza, donde las lágrimas y las sonrisas se dan la mano y se toman un café diciendo: estamos vivos y seguimos adelante.
Hoy, a punto de finalizar 2010, puedo decir que he visto cosas que nunca creería: un balón brillar en la oscuridad más absoluta en medio de un silencio ensordecedor. Hoy sé que éste y otros muchos momentos nunca se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Porque es hora de vivir, nos queda mucho por hacer y por ver. ¡Feliz año! El primero después de 2010.