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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Al principio del camino

Dicen que el dinero no da la felicidad, y al menos eso sucede en el Real Madrid, que todavía está intentando encontrarse consigo mismo y con todo lo que se espera de él. Por increíble que parezca, un equipo sin dinero como es el Milan vive una situación de juego que se parece de alguna forma a la del todopoderoso club blanco.

Tanto unos con dinero y estrellas, como otros, con estrellas del pasado y con jóvenes aspirantes a vestir de rossonero, buscan estas jornadas su estilo de juego, después de vivir momentos en los que la crisis futbolística les golpeó en la cara. Sin embargo, después de lo visto ayer, en unos y otros, parecen encontrarse ahora al principio del camino hacia su mejor versión futbolística.

Tanto rossoneri como madridistas, consiguieron en estas semanas resurgir de sus cenizas. El Milan ganó en el Bernabéu con el nuevo módulo de Leonardo, y desde ahora parece que el final de la crisis milanista puede estar más cerca. Después de probar uno y otro sistema, el técnico del Milan parece decantarse por ese 4-4-3 en el que Ronaldinho está a la izquierda, Pato a la derecha, y en punta compiten Inzaghi, Borriello y Huntelaar.

Algo parecido es lo que sucede en Madrid. Las ideas surgen en el momento más inesperado, y el otro día ante el Getafe surgió la chispa tras la expulsión de Raúl Albiol. El equipo que había dispuesto Pellegrini, con algo parecido a un 4-2-3-1, comenzó a carburar, se vio por fin algo más de Kakà, y Benzema y el Pipa Higuaín enseñaron las uñas.

En el clásico europeo, un valiente Milan con Borriello de titular, salió a por el partido intentando salir a la contra desde el primer momento. Se encontró con un Real Madrid cambiado, que entraba poco por banda pero en el que Kakà ya va cobrando dimensión. Así llegó el primero de los madridistas. El brasileño rompe con regate la segunda línea, hace un buen disparo desde la frontal, y Benzema aprovecha el balón rebotado tras el despeje de Dida, que una vez más, dejó muerto el esférico en el área pequeña.

A partir de ahí, más posesión para los merengues, con un Lass en gran estado de forma, y un Arbeloa muy correcto en la marca de Pato, que aún así se marchó un par de veces del defensor salmantino.

El Milan lo intentó sin éxito hasta que se encontró con un penalti absurdo de Pepe, al que le pudieron más las ganas que la cabeza y se llevó el balón con la mano cuando trató de robar el cuero a Zambrotta. Ronaldinho lo aprovechó para el Milan. El brasileño transformó el penalti para hacer el 1-1. Con ese resultado murieron los cambios en el marcador. El Real Madrid tuvo la mejor oportunidad en las botas de Raúl, pero Dida surgió de los infiernos para volar muy alto en una estirada espectacular que desbarató la ocasión blanca. Los rossoneri tuvieron su opción en un gol anulado injustamente a Pato, que se marchó de Arbeloa en una contra y puso el esférico cruzado muy lejos de Casillas.

Al final, pareció que el Madrid había dado con la tecla de su juego, o al menos con la primera piedra del que debe ser su camino. El Milan se había escapado vivo, pero ellos también lo hacían. Esta vez hubo otro gol anulado a los rossoneri, que pudieron tumbar a la mejor versión sin Cristiano de este nuevo Real Madrid.
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sábado, 22 de agosto de 2009

El nuevo Inter de Mou, contra la Vecchia Signora y el Milan low cost

Este fin de semana comienza un nuevo curso en el Calcio italiano. La Serie A se presenta como siempre apasionante, si bien podríamos tener ciertas dudas sobre si habrá una gran competencia por ser el campeón de la Liga. En los últimos años el dominio del Inter ha sido absoluto y este año promete repetir el éxito de otras campañas.

Sus únicos rivales serán los mismos de siempre, la Juventus y el Milan, que aunque siguen teniendo buenos equipos, a priori resulta difícil que puedan disputar el título a un Inter que un año más, después de que Mourinho tomara el mando del equipo, se presenta como el conjunto más potente de la Serie A.

Con los fichajes realizados, el Inter se presenta como la Squadra todopoderosa de cara a la Liga. La ambición de los neroazzurri ha llevado a sus dirigentes a gastar dinero en cambiar la cara al equipo e incrementar la plantilla para dotar a Mourinho de un elenco de jugadores que pueda luchar por Liga, Copa y Champions.

El Inter sigue contando con uno de los mejores porteros de la Serie A, como es Julio César y ha fichado a Lucio en defensa, que con Chivu, Maicon y la proyección del joven Santon garantiza una buena línea en la retaguardia. El centro del campo cada vez es más del estilo Mourinho, con Muntari y Cambiasso y ahora también con el fichaje de Thiago Motta, que le hará ser todavía más rocoso. Arriba, la marcha de Ibra al Barça no es preocupante porque siguen teniendo dinamita. Con Eto’o como hombre gol y ante los problemas de adaptación que tiene Quaresma; Diego Milito y Mario Ballotelli se encargarán de hacer las dianas que le falten por anotar al león indomable y de tapar las carencias del portugués.

Los rivales del vigente campeón serán como siempre dos viejos conocidos, que a falta de calidad sueñan con repetir un utópico modelo Guardiola. Tendrán entrenadores jóvenes, que hasta hace poco competían al máximo nivel en los terrenos de juego.

En la Juve, Ciro Ferrara será el nuevo entrenador de un equipo que no se diferencia demasiado del que los bianconeri tuvieron el año pasado. Seguirán contando con la experiencia de Buffon en portería, con una línea de cuatro solvente en la que destaca la vuelta del hijo pródigo, Fabio Cannavaro, que acompañará a los habituales Zebina, Grygera, Legrontaglie, el líder Chiellini o el joven del Barça Martín Cáceres.

En el centro del campo el fichaje de Felipe Melo aportará fuerza, llegada y variedad a la línea de Sissoko, Poulsen, Marchisio o Tiago. Diego sustituirá a Nedved y Camoranesi y Salihamidzic jugarán por la otra banda. En el ataque, Amauri se ha mostrado como indiscutible en la pretemporada, y Del Piero, Giovinco y Trezeguet se repartirán el puesto de acompañante del brasileño.

Por último, entre los tres grandes, emerge el nuevo modelo del Milan. La marcha de Ancelotti y la venta de Kakà han dejado una sombra demasiado alargada en la entidad de Via Turati. A diferencia de otros años, esta temporada el brasileño no podrá parchear los agujeros en el ataque milanista, que se queda sin su principal conexión entre centro del campo y la línea ofensiva. Por otro lado, la retirada de Paolo Maldini, deja el carril izquierdo en manos de un veterano Jankulovski. Además, la venta de Kakà dejó al descubierto la crisis económica de los rossoneri, que se han visto obligados a ahorrar y han apostado por un modelo distinto al que tenían en los últimos años.

Después de un verano difícil para Leonardo, el nuevo técnico milanista, con numerosas críticas y sólo una victoria en pretemporada; la necesidad de rejuvenecer la plantilla y la falta de dinero han hecho que no haya habido fichajes mediáticos a excepción de Huntelaar, y que un Ronaldinho en horas bajas tenga la obligación de ser el conductor del ataque rossonero.

De esta forma, el Milan low cost deberá salir adelante con los jugadores de la temporada pasada. En portería comenzará siendo titular Marco Storari, un portero sin demasiado nivel que se ha encontrado con la titularidad por la lesión de Dida y Abbiati, mientras en el banquillo esperará el veterano guardameta Flavio Roma.

En defensa destaca la presencia de Thiago Silva, un buen refuerzo que ha sido la buena noticia de la pretemporada y que formará junto a Nesta y estará acompañado por Zambrotta y Jankulovski en los laterales mientras Onyewu, el central, esperará su momento en el banquillo. En el centro del campo, Pirlo volverá a ser fijo. Jugará junto a Gattuso y Flamini o Ambrosini, y el canterano Ignazio Abate se perfila como una pieza importante en las rotaciones de estos puestos. En el ataque, Ronaldinho jugará por detrás de los puntas, que serán Huntelaar y Pato; con Inzaghi y Borriello en la recámara y con los jóvenes Davide Di Gennaro y Gianmarco Zigoni ansiosos por tener una oportunidad.

Ante todo esto, y sin olvidarnos de los grandes momentos de fútbol que pueden darnos los Pastore, Lavezzi, Cigarini, Paloschi, Hamsik, Palacio, Zárate, Montolivo, Pepe… cabe preguntarse si realmente hay alguien que pueda arrebatarle el título al Inter., y sobre todo, dónde acabará la aventura del Milan low cost, ¿luchando en la parte alta de la clasificación arriba o sufriendo para entrar en Champions? Este fin de semana comienza la solución…
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miércoles, 29 de julio de 2009

Los mejores años de nuestra vida (2)

Dejábamos la anterior entrada con el Mundial de Estados Unidos, del que salieron como grandes triunfadores los brasileños, y recordábamos el hundimiento del Barça de Cruyff en Atenas. Pues bien, ese fue el inicio de una caída sin fondo, que continuó al año siguiente, en la temporada 94/95. El Real Madrid ganaba la Liga, y rompía el último gran ciclo ganador que ha habido en nuestra liga, el de las cuatro ligas ganadas por el conocido como Dream Team.

El equipo culé se resquebrajó de mala manera. Stoichkov y Romario, que venían de ser las estrellas del Mundial, nunca fueron capaces de alcanzar su mejor rendimiento. De hecho, el brasileño fue traspasado antes del final de la temporada, entre otras cosas por sus problemas con el entrenador. Además, salvo Abelardo, los fichajes no fueron nada útiles (Arpón, Escaich, Eskurza, Jordi Cruyff, J.Mari, Lopetegui, Roger, Sanchez Jara, G.Hagi, Korneiev).

A eso hay que sumar que el principal fichaje del Real Madrid fue Michael Laudrup, denostado por Johan Cruyff, que le dejó irse gratis. Pero el gran acierto de la directiva madridista fue la del fichaje del entrenador: Jorge Valdano. El actual jefe merengue, que venía de ayudar al Barça a ganar varios títulos por las victorias del Tenerife al Madrid, llevó al Bernabéu uno de los mejores juegos que han visto en mucho tiempo.

También hubo otros fichajes importantes, como Redondo, que venía desde Tenerife de la mano de Valdano, o Amavisca, que llegaba como presumible descarte, pero que se acabó convirtiendo en una pieza muy importante en el equipo. Pero la llegada más importante, la que de verdad marcó la historia del Real Madrid, fue la de un canterano: Raúl González Blanco. Con 17 años Valdano le dio toda la confianza.

El joven atacante se destapó con 9 goles en Liga a pesar de su edad, siendo muy importante en muchos de los partidos, y formando una gran pareja con el pichichi de aquel año, el chileno Iván Zamorano. El canterano dio una asistencia a Amavisca en su primer partido en Primera, ante el Zaragoza, y falló numerosas ocasiones del gol, pero en el segundo, ante el Atlético de Madrid, provocó un penalti, marcó un gol y dio una asistencia, iniciando su carrera de leyenda.

El clímax aquella temporada lo alcanzaron en el gran clásico ante el Barcelona, al que le endosaron un doloroso 5 a 0, con una exhibición de los Zamorano, Raúl, Amavisca... y que sentenciaba una Liga en la que los azulgrana estuvieron a punto de no clasificarse para disputar competiciones europeas.

Al finalizar la temporada se disputó la final de la Copa del Rey, una de las más convulsas que se recuerdan. Entre un auténtico diluvio, el Valencia y el Deportivo de la Coruña iniciaban la final el 24 de junio en el Bernabéu, pero las condiciones meteorológicas provocaron que se suspendiese a falta de unos minutos para el final, con empate a uno en el marcador. En la reanudación, tres días después, un gol de Alfredo al minuto de juego sentenció la eliminatoria, provocando que los gallegos lograsen su primer título de la historia tras varios años haciendo muy bien los deberes. Además, suponía la consagración de los Fran, Liaño, Bebeto o Mauro Silva, algunos de los cuales aún participarían en éxitos futuros.

Y mientras en España Valdano llevaba al Madrid a la gloria, Europa conocía a uno de los mejores equipos de la historia: el Ajax de Amsterdam comandado por Louis Van Gaal. Tras ganar la Liga holandesa con varios jugadores desconocidos, iniciaron el asalto a la Champions, y esos mismos jugadores se convirtieron en estrellas. A los canteranos Van Der Sar, Seedorf, Davids, los hermanos De Boer (quién no conoce ahora a alguno de éstos), se sumaron veteranos como Rijkaard, que disputó allí su última temporada como profesional, o el central y capitán Danny Blind.

Y todos dirigidos con maestría por Van Gaal, uno de los mejores entrenadores de la historia, aunque en España nunca haya alcanzado reconocimiento por sus malos modos y su cabezonería, así como sus ganas de trabajar, que no casaban con la cultura española. Con el clásico 4-3-3 holandés, ad
optado por el Barça desde la llegada de Cruyff, logró encajar sólo dos goles en la fase de grupos, para después humillar al Bayern de Munich con un 5-2.

Pero el camino no había acabado, ya que en la final se enfrentaría al Milan, que venía de ser campeón de Europa. Pero los italianos conocieron la maldición de la Champions, que dice que un campeón nunca ha repetido. Los holandeses, con un gran portero y una defensa muy seria lograron mantener su puerta a cero, y un jovencísimo Patrick Kluivert, de 17 años, marcaba el gol decisivo saliendo desde el banquillo, dándole el título a los pupilos de Van Gaal.

En aquella ocasión, en el partido más importante de su vida, Van Gaal apostó por: Van Der Sar, de tan sólo 24 años y uno de los mejores porteros de la historia (con casi 40 años sigue siendo indiscutible en el Manchester United); Reiziguer (22 años), Rijkaard y Blind, que eran los dos veteranos, y Frank de Boer (25)
en defensa; Seedorf (18), Davids (22) y Litmanen (24), el líder ofensivo, en mediocampo; y Ronald de Boer (25), Finidi y Overmars (21) en ataque. Desde el banquillo salieron los adolescentes Kluivert (17) y Kanu (18), demostrando que es más importante la calidad que la edad.
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lunes, 20 de julio de 2009

Los mejores años de nuestra vida

Aprovechando que el verano no está siendo muy movido, que aún falta para ver fútbol de verdad, y que este blog ha finalizado la función académica que tenía y que nos impedía publicar noticias que no fueran de actualidad, aprovecharé para realizar una serie de entradas sobre el fútbol de mediados a finales de los 90, ése en el que yo y otros muchos nacidos en los 80 empezamos a ver este querido deporte de otra forma. A muchos les sonarán estas cosas, e incluso compartirán mi visión. Es probable que otros más mayores o más sabios vean incorrecciones, o que tengan apreciaciones más precisas que puedan comentar, de lo que podríamos definir como 'Los mejores años de nuestra vida'.

Y comenzaré esta serie de entradas por 1994. En España el Barça ganaba su cuarta Liga consecutiva con Cruyff en el banquillo y convertía al club culé en un grande de verdad, que dejaba de llorar y de ver fantasmas. Sin embargo, en la final de Champions de Atenas ante el todopoderoso Milan de Capello (heredero del gran Sacchi) se llevó un serio correctivo. Un contundente 4-0, liderado por un gran Savicevic (por aquel entonces, desconocía el nivel de aquel crack) ponía fin a un ciclo tremendo en can Barça.

Pero aquel año estuvo marcado por el Mundial por encima de todo. Estados Unidos acogía el mayor torneo futbolístico, disputado en un horario incómodo para los españoles, y ante miles de aficionados en estadios repletos. Y en ese ambiente jugaba la España de Clemente, una de las más potentes de la historia (de nuestra historia), pero fea de ver como pocas. El entrenador vasco llego a jugar algunos partidos hasta con 7 defensas, lo que muestra claramente su vocación.

El comienzo de aquel equipo no fue fácil (más por deméritos propios que por verdadera dificultad de los rivales), pero logró la clasificación para los octavos de final. El partido más destacado de la primera ronda fue el jugado ante Alemania, una selección con gran calidad, con jugadores como Effenberg, Klinsmann o Hassler en sus filas. Sin embargo, un golazo de Goikoetxea desde la posición de extremo (era un intento de centro realmente) lograba un meritorio empate para los españoles.

En octavos se ganó fácilmente a una correosa Suiza, que había hecho algún partido espectacular (4-1 a la Rumanía de Hagi), y enfocábamos los cuartos, la famosa barrera. Y aparecía Italia. Los transalpinos tenían un equipo increíble en defensa y uno de los mejores jugadores de la historia en ataque: Roberto Baggio. El excepcional delantero realizó una competición espectacular. El partido empezaba bien, pero la táctica era extraña. Clemente ponía seis defensas y medio (Luis Enrique aún no tenía claro su puesto) en el equipo titular, acompañados de Caminero, Bakero y Goiko.

Sin embargo, mediada la primera parte Dino Baggio adelantaba a Italia, y volvían todos los fantasmas. Pero a la vuelta del descanso un genial Caminero (repito, ¡qué Mundial se marcó!) empataba. Cuando el partido llegaba a su fin, Julio Salinas, el genial Julio Salinas, tuvo el partido en sus manos. Se presentó solo (pero solo, solo, solo) ante Pagliuca, con todo el tiempo para hacer lo que le diera la gana, pero le dio al muñeco. En la siguiente jugada, Baggio, con maestría, superó a Zubi y nos mandó para casa. Sin embargo, no puede olvidarse la agresión de Tasotti a Luis Enrique en el área italiana que pudo haber cambiado el partido.

Los partidos que quedaban, ya sin los nuestros, fueron tremendos. Por un lado Italia se enfrentaba a la Bulgaria de Stoichkov, un equipo muy duro con una estrella mundial arriba, que además fue pichichi de la competición junto con Salenko (el ruso metió cinco goles en un partido, lo que le facilitó el pichichi). Pero Baggio era mucho Baggio, y él solo eliminó a los búlgaros, con dos chicharros en cinco minutos. En la otra semifinal el nivel también era alto. Por un lado la todopoderosa Brasil, con un trivote en medio campo (Mazinho, Dunga y Mauro Silva) y Bebeto y Romario arriba. Enfrente Suecia, otra sorpresa, que realizaba un juego tremendo, con el gran Kenneth Anderson arriba. El partido, con dos defensas durísimas, lo decidía Romario con un gol en el minuto 80.

El partido por el tercer y cuarto puesto fue espectacular. La paliza, vaya. Suecia arrasó a Bulgaria con un 4-0 logrado en la primera parte. Los Mild, Brolin (grande) o Anderson no tuvieron rival. Además, también se recordará a los escandinavos por la imagen de su portero: el loquísimo Thomas Raveli, tan bueno bajo palos como miedo daba.

Y por último llegó la final. Italia contra Brasil. A pesar de la calidad en los ataques de ambos equipos, los grandes triunfadores fueron las defensas. 0-0, con Pagliuca besando el palo para agradecerle los servicios prestados. Y así se llegó a los penaltis. Y como suele pasar en estas ocasiones, el mejor fue el que falló. Roberto Baggio, tras ser quizá el mejor del torneo, mandó a las nubes su penalti, y daba el triunfo a Brasil, que le devolvía la derrota de 1982 y con sus mismas armas.

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martes, 9 de junio de 2009

Un ciclista llamado Kakà

A las 00:30 se consumaba el fichaje de Kakà por el Real Madrid. Sendos comunicados en las páginas web del Real Madrid y del Milan confirmaban la marcha del jugador brasileño que tantas alegrías dio como rossonero y que con casi toda seguridad dará en las filas del Real Madrid.

Como se puede transmitir a través de los medios, este fichaje tiene algo más que un simple traspaso, y su rueda de prensa en Brasil a las 2 de la madrugada (hora española) daba fe de ello.



Uno de los aspectos más curiosos en la llegada de Kakà al Real Madrid y su salida del Milan, acompañada de muchos condicionantes nos presentan a este jugador como el protagonista, por casualidad, por destino o por calidad de diversos ciclos.

Kakà ha significado durante estos años en Milán mucho más que un jugador de fútbol. Durante algunos momentos en estas temporadas ha sido el enganche del equipo rossonero con la calidad, con el buen fútbol y con los buenos resultados. Cuando el conjunto milanista no daba más de sí, una jugada aislada de Kakà resolvía los partidos domingo tras domingo.

La fama en Milán creció sobre manera y muchos aficionados rossoneros han llorado esta madrugada la marcha de Ricky Kakà, un ídolo para muchos, aunque otros reivindican las figuras de Baresi y Maldini como únicos jugadores de calidad que siempre serán recordados por ser fieles a los colores milanistas.

Kakà contaba en Milán incluso con su propia línea de ropa, un dato anecdótico pero que constata la gran sombra que dejará el brasileño en su marcha. Varios medios anunciaban hace meses que el jugador ya estaba fichado, pero Berlusconi y Galliani siempre lo negaron. Conociendo a este par de dirigentes, lo cierto es que no es raro que todo fuera un teatrillo que ha durado hasta el día de la confirmación oficial.

Con la marcha de Ancelotti sumada a la de Kakà, podemos afirmar con toda rotundidad que el Milan cierra un ciclo, el protagonizado por el brasileño con Copas de Europa e Intercontinentales como grandes triunfos para el Milan.

Ahora, se cierra una puerta y se abre otra, la del Real Madrid, en el que el brasileño también será ciclista. Pero no como Robinho, quien por cierto se perdió por el camino del dinero en Manchester, sino como protagonista de un nuevo ciclo, esta vez en España con el Real Madrid.

Una vez realizado el traspaso, se abren dos mundos, el de Berlusconi y el de Florentino Pérez. El del primero se llama Milandinho, un planeta en el que el Milan cuenta con un Ronaldinho recuperado para el fútbol y puede cubrir de alguna forma la marcha de Kakà. El otro planeta es el de Florentino, donde dicen que todo es posible, y cada vez se apuntan más nombres.
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domingo, 7 de junio de 2009

Clonate Maldini

Después de algunas semanas, no puedo dejarlo pasar ni un segundo más. Son muchos días sin dormir en los que la conciencia futbolística aprieta, atenaza el sentimiento y libera los dedos para escribir sobre uno de los jugadores que harán historia, al menos en una generación.

Paolo Maldini se retiraba la semana pasada después de clasificar junto a sus compañeros al Milan para la Liga de Campeones en ese último encuentro de la serie A y de su carrera deportiva contra la Florentina.

Sin embargo, el verdadero adiós de Maldini se había producido una semana antes, ante su gente, en el estadio de San Siro, aquella gran obra arquitectónica que le había visto crecer. Y es que con la excusa de un partido de liga contra la Roma, el estadio entero expresó sus loas a il capitano, con la única salvedad de un grupo de aficionados, que intentó empañar la despedida de este gran jugador, aunque ni ellos ni nadie, lo conseguirán jamás.

Desde los 16 años, Paolo se ha convertido en un rossonero con letras mayúsculas, y un futbolista digno de admiración. Todo ello bajo la sombra alargada de su padre Cesare, cuya influencia en el deporte de la pelota no fue nunca necesaria para Paolo, que se hizo un hombre, conquistó títulos y se erigió el gran capitán de todo un grande de Europa y del fútbol italiano.

Poco a poco il capitano ha ido coleccionando éxitos durante su carrera, llegando a lograr siete scudettos con el Milan, una copa de Italia y cinco supercopas del país transalpino.

Internacionalmente ha conseguido nada más y nada menos que cinco Copas de Europa, cinco supercopas europeas, dos copas Intercontinentales y un Mundial de Clubes de la FIFA. A los éxitos ha sumado todo un récord de partidos disputados como rossonero y miembro de la selección italiana, con la que suma 126 internacionalidades.

En ello tiene mucho que ver su permanencia en el equipo a lo largo de los años, algo que le ha permitido completar ciclos diferentes con grandes entrenadores como Arrigo Sacchi.

Sus cifras sólo contribuyen a ensanchar la leyenda de un jugador que fue mucho más en los terrenos de juego. Todo un estandarte dedicado al balón. Hace algunas semanas se hablaba de “un monumento a Raúl”. Paolo Maldini no lo necesita, no hace falta que nadie lo pida. Maldini ya es un monumento al fútbol.

Su carrera tuvo, como todas, luces y sombras. Las luces fueron las tardes en San Siro, con la mirada del gran capitán reinando sobre el césped del estadio rossonero, así como las noches de gloria constante, en las que levantaba un título tras otro para su querido Milan.

Con él también se irán dos grandes sombras. La primera de ellas el no haber recibido nunca el Balón de Oro, que se pidió para él. Nunca le importó, siguió trabajando y nunca dejó de luchar, engalanado por esa clase de la que no todos los futbolistas pueden presumir. Hay quien dijo el día de su retirada que “ya podían tomar ejemplo algunos”. Pero es que igual esos algunos tienen más cosas que demostrar de las que tenía Paolo.

En su último día en San Siro, la fiesta fue triste y alegre a la vez. Los aficionados se rindieron ante la grandeza de su ídolo mientras que un grupo de desocupados intentaba aguar la gran cita con pancartas de Baresi. Esa fue la gran sombra, la última de su carrera, y Paolo la esquivó como hacía con los rivales que le salían al paso en el carril del 3.

Se marchó triste, porque desde el club al que tanto le había dado, no salió nadie para defenderle. "Ya es mayorcito para defenderse solo", pensarían. Vaya si lo es, 40 años tiene a sus espaldas y asume los inconvenientes con la máxima caballerosidad.

Como él en su despedida, muchos tratarán de admitir que la temporada que viene no cabalgará en el carril izquierdo rossonero, y pasan de bobadas que nunca empañarán la carrera del tres, acordándose sólo de una pancarta que reivindica el afecto al capitán, lo que significa para la historia del Milan, que pone un broche de oro a su carrera y que estuvo presente durante su última tarde en San Siro: Clonate Maldini (clonad a Maldini).
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martes, 19 de mayo de 2009

Milan, ¿y ahora qué?

La Piazza del Duomo todavía conserva el olor de la celebración del 17º Scudetto del Inter en Serie A. El equipo de José Mourinho ha conquistado con solvencia el campeonato en el que su gran rival, el Milan, debe conformarse con haber conseguido completar una temporada digna con segundo puesto y presencia en Champions asegurada como grandes logros.

Esta temporada el equipo vecino del actual campeón ha vuelto al inicio de las autovías que llevan a la gloria gracias a su regularidad en el último tramo del caminar liguero.

El Milan comenzó el año con el flamante fichaje de Ronaldinho, con el que pretendía hacer sombra a un Inter bien dirigido por José Mourinho y con el Kers pulsado desde la salida del actual Scudetto. Dinho fue la personificación de la irregularidad rossonera, que encontró solución en el mercado de invierno con la cesión de David Beckham tras la baja de Gatusso por lesión.

El fichaje del inglés por los milanistas provocó la sonrisa en algunos aficionados, que aseguraban que Becks era otra figura para la pasarela rossonera de la tercera edad. Sin embargo, Beckham no sólo trajo tintes platinos, tatuajes, glamour y veteranía al Milan, sino que engrasó la máquina rossonera recordando a aquel fichaje de Davids por el Barça de Frank Rijkaard.

Desde entonces, el Milan ha sido un conjunto regular que ha regalado alguna tarde de fiesta y goles a los aficionados, pero esto no puede ser suficiente para un equipo que tanto presume de ser campeón de Europa.

En estos días conocíamos el más que posible fichaje de Kakà por el hipotético Real Madrid de Florentino Pérez. El brasileño ha caído en la seducción de Floren y los cameos con el Manchester City y las noches en Milán puede que pasen a la historia.

Dicen las lenguas florentinas que son 63 millones los que el El ser superior pagará por el crack brasileño, de forma que los rossoneros podrían disponer de una cantidad más que suficiente para acometer los fichajes que el equipo necesita.

De la misma manera, parece que Ronaldinho podría abandonar el club este verano debido a su bajo rendimiento y hasta Ancelotti podría partir en busca de una oferta millonaria dejando vacante el banquillo milanista.

Entre las posibles llegadas, destaca la esperada vuelta de Gourcuff, que se ha ganado un puesto con su temporadón en el Girondins.

Sin embargo, este Milan necesita mucho más que el habilidoso francés para impulsar el resurgimiento del equipo, en el que jóvenes como Thiago Silva, Cardaccio o Viudez deben dar un paso al frente y demostrar si valen o no para el nuevo proyecto.

También convendría comenzar a buscar relevo a veteranos ilustres (no durarán toda la vida) y potenciar la cantera, con más oportunidades para Matteo Darmian y Alberto Paloschi, que ha cuajado una buena temporada en el recién ascendido Parma.
Las decisiones que tomará el club de cara al próximo año están por ver. De momento, ya han vuelto a los puestos Champions, al peaje en el que nace la gloria. Milan, ¿ y ahora qué?
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martes, 21 de abril de 2009

El otro día vi a Ronaldinho

Y me alegré de volver a verle. Ha cambiado un poco, aunque conserva cierta dosis de fantasía de la que regalaba en Barcelona. Fue en San Siro, durante el partido entre el Milan y el Torino. Inzaghi ya había anotado dos goles para la squadra rossonera y tenía ganas de marcar el tercero de su cuenta y hacer otro triplete en esta temporada.

De repente, cuando el balón circulaba por el centro del campo milanista, hubo un pase que atravesó la medular y llegó a las botas de un brasileño que llevaba el dorsal 80 en la camiseta. El jugador pisó la pelota, contempló el panorama que tenía enfrente y mirando al tendido dio un pase hacia el hueco para que el Pippo completara su deseo haciendo que el balón besara por tercera vez la malla de la portería del Torino.

Fue entonces cuando me di cuenta. Aquel dorsal,… aquel brasileño… era él. Fue un placer volver a ver a Ronaldinho, el de los pases largos mirando a la grada, el de la magia en las botas, el que hace fantasía convirtiendo en realidad un pase que nadie llegó a soñar porque no se lo esperaba. En definitiva, el jugador en el que el Milan había puesto su confianza este verano.

En esta temporada, el brasileño ha tenido más sombras que luces como jugador rossonero. Durante algunos meses se ha cuestionado su rendimiento en el equipo, e incluso el técnico milanista, Carlo Ancelotti, le ha dejado en el banquillo en más de una ocasión.

Sin embargo, hay que decir a favor de Dinho que todavía es capaz de regalarnos momentos de gran fútbol a los aficionados del balón y a sus compañeros de equipo, como el gol de cabeza en el derby contra el Inter, el zapatazo en Copa de la UEFA contra el Sporting de Braga, o el pase a Inzaghi en el 5-1 contra el Torino.

Espero ver más veces a este Ronaldinho que tanto me gusta, aunque su mejor nivel ya lo dejó en Barcelona. Ahora, aparece y desaparece como por arte de magia y nunca mejor dicho; porque cuando Dinho se muestra su juego está tocado por la varita mágica que convierte al fútbol en arte.

Por cierto, algo más tarde, seguí viendo a Ronaldo. Jumanji ha perdido velocidad, pero siempre conservará el instinto goleador. Volvió a marcar como visitante en el São Paulo-Corinthians y clasificó a su equipo para la final del campeonato Paulista contra el Santos, que en la otra semifinal había derrotado al Palmeiras.
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domingo, 15 de marzo de 2009

Récord del Pippo y goleada en otro espejismo del Milan

Si la Juve aún no se da por vencida en la carrera por el título de campeón de la Serie A de Italia, parece que el Milan intenta todavía resistirse a decir adiós a los puestos europeos de la clasificación, y si las cosas se diesen extraordinariamente bien, incluso podría aprovechar un caprichosísimo destino y meterse en la lucha por el campeonato.

En la tarde de hoy el conjunto lombardo ha vuelto a hacer las delicias de los aficionados rossoneri al golear a domicilio a un flojísimo Siena.

En medio de la algarabía de los milanistas, se unió a la fiesta el Pippo Inzaghi, que consiguió anotar su gol número 300 en la Serie A desde su debut en 1991 con la camiseta del Piacenza.

La tarde comenzó bien para el Milan, que a los pocos minutos de empezar el encuentro se adelantaba mediante un penalti que ejecutaba Andrea Pirlo. El capitán del equipo rossonero abrió el marcador para su equipo y comenzó a dirigir el juego desde la medular.

Poco a poco los pases desde el centro del campo, la brillantez de Pato y el acierto del Pippo descompusieron a un pobre Siena, que consiguió el gol del honor por medio del veterano Máximo Maccarone.

Por parte de los visitantes, el gol de Pirlo, dos tantos de Pato, la guinda con dos anotaciones de record de Inzaghi y el resultado de 1-5 provocarán la alegría de los aficionados del Milan y ocultarán las vergüenzas y la gran necesidad del club: una profunda renovación de la plantilla y un cambio en la política de fichajes.
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